sábado, 4 de julio de 2009

" Polifemo y Galatea" ,Luis de Góngora

….....Guarnición tosca de este escollo duro
troncos robustos son, a cuya greña
menos luz debe, menos aire puro
la caverna profunda, que a la peña;
caliginoso lecho el seno oscuro
ser de la negra noche nos lo enseña
infame turba de nocturnas aves,
gimiendo tristes y volando graves...

De este, pues, formidable de la tierra
bostezo, el melancólico vacío
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío,
y redil espacioso, donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío
de los montes esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella…...
http://users.ipfw.edu/JEHLE/poesia/polifemo/polife6.htm

viernes, 12 de junio de 2009

jueves, 11 de junio de 2009

"Muerte y resurrección", de Jorge Teillier

"Muerte y resurrección", de Jorge Teillier

Antes que de nuevo floreciera la sangre en la piedra de sacrificio
había un puerto de días tranquilos como ruidos de remos en el agua.
Allí había tiempo de sobra para escuchar horas y horas el griterío de las gaviotas,
o buscar una vertiente para beber tras las cacerías de otoño,

o dormir largas tardes escuchando entre sueños a los pinos de cara arrugada que enseñaban a hablar a los primeros brotes de la primavera.

Hasta que de pronto todo volvió a ser como en el principio:sólo el frío y el chillido de un pájaro,sólo el ruido de las olasrompiendo un esqueleto lanzado al roquerío.

Antes de que otra vez las hechiceras de la tribu sintieran que la tierra pedía la sangre de un inocente para calmar al océano,
en los grandes días de 1900 cuando los vapores llegaban cargados de trigo por el río;

había un pueblo rodeado de bosques en incendio,y de sementeras que conocían sólo pasos de pies desnudos.

Pueblo de curas y de cantinas,de pescadores con hijos hambrientos,

de muchachas rubias rodeadas de espinos blancos a la salida de la novena
y de prostitutas sarnosas en torno a braseros.

Pueblo en donde nadie tenía sueños y se enterraba a los muertos en un cerro lejano pero se los sentía respirar en el polvo y el barro,

hasta que todo volvió a su comienzo:sólo el frío y el chillido de un pájaro,sólo las olas rompiendo un esqueleto lanzado al roquerío.

II

La tierra devuelve a las aguas
lo que les pertenece desde antes del principio de los tiempos,

y en el pueblo no queda nadie para colocar una luz en la ventana que guíe la llegada del alba después que el mar se retira,
cumplida su faena,dejando a la oscuridad y la muertedueñas de todas las calles:la calle del molino, la calle del aserradero,la calle del muelle, la calle de las carretas.

En los cerros y bosques yerran los hombres encendiendo fogatas como los antepasados y llamándose con nombres confusos que nunca conocieron antes.
La hojarasca de las madres se arrastra llorosa y los hijos sólo hallan refugio en brazos de extraños.

La locura y el miedo tañen sus campanas entre la oscuridad y las ruinas y les contestan los perros que buscan inútilmente a sus amos en los matorrales y pantanos mientras en el roquerío las olas quiebran el esqueleto del niño que les fuera entregado.

III

Una lluviosa primavera resucita como de costumbre hablando con las mismas hojas que rodearon el sueño de la Bella Durmiente y restaña las heridas de la costa,mientras el sol despreocupado pasea en mangas de camisa y al pie del roquerío las algas envuelven con dulzura el esqueleto del inocente.

En el cementerio del cerro la primavera se detiene para que florezcan amapolas en los párpados de los muertos.
Los martillazos y los chillidos de las tablas anuncian que el pueblo resucita como el vaso quebrado en el cual pondremos las mismas luciérnagas que los abuelos persiguieron en una primavera de 1900.

El pueblo nace de nuevo de manos de los rústicos que fueron amenazados de fusilamientos y reclamaban el pan que les pertenecía;
nace de nuevo de manos de aquellosa quienes los poderosos condenan a pudrirse como los jergones de paja en las cárceles.

Y la primavera que recorre las playas abandonadas hace callar al oleaje y escucha los lejanos cánticos de resurrección.
Puerto Saavedra, 1960.

http://descontexto.blogspot.com/2008/06/muerte-y-resurreccin-de-jorge-teillier.html





“Si alguna vez mi voz deja de escucharse,piensen que el bosque habla por mí con su lenguaje de raíces”
Jorge Teillier
http://www.uchile.cl/cultura/teillier/

martes, 4 de marzo de 2008

LUIS CERNUDA

¿Sabes lo que espera el pájaro quieto por la rama seca?
Lo raro es que al mismo tiempo
Conozco que tú no existes
Fuera de mi pensamiento.
Como un pájaro de fuego
La luna está entre las ramas
Del enebro.
Negro es el cuerpo del árbol
Y gris el aire nocturno,
Oro el astro.
Dios por lo visto hace muestra
Que ha oído alguna estampa
Japonesa.

domingo, 29 de julio de 2007

de MAHMUD DARWISH


Criaturas de roble perla permanecen de pie en la colina.
La hierba podría ascender de nuestro pan hacia ellas si abandonásemos el lugar
y el azul celeste descender de ellas sobre la sombra que envuelve las fortalezas.
¿Quién llenará nuestras jarras después de nosotros?

¿Quién cambiará a nuestros enemigos cuando sepan
que hemos subido a la colina para alabar a Dios
en las criaturas de roble?
Todo revela la diversión del viento, pero nosotros no soplamos polvo.
Tal vez este día nos sea más ligero que el anterior.

Nosotros somos los que
han permanecido mirando al cielo sin adorar más que lo que han perdido
de sus creencias.

Tal vez la tierra sea más grande que su descripción,
y este camino sea la entrada, en compañía del viento,
al bosque de robles.
Las víctimas pasan por ambos lados. Dicen las últimas palabras y caen en
un único mundo. El águila y el roble las vencerán.

Hay que hacer
una tregua con las amapolas del valle para que entierren a los muertos de ambas partes y para que
intercambiemos algunos insultos antes de llegar a la colina. Es necesario
un esfuerzo humano para que torne estos caballos en
criaturas de roble.
El eco es uno en los desiertos, sólo el eco.

Y el cielo sobre una piedra es un exilio
que los pájaros colgaron en este espacio infinito antes de emprender el vuelo.
El eco es uno en las largas guerras: una madre, un padre y un hijo que creyeron
que detrás de los lagos los caballos regresaban enjaezados con la última esperanza
y prepararon café a sus sueños para evitar dormirse
en el espectro de los robles.


Cada guerra nos enseña a amar más la naturaleza. Después del asedio
cuidamos más los lirios y del almendro, recogemos en marzo
el algodón de la ternura.

Plantamos la gardenia en el mármol y regamos las plantas de nuestros vecinos
cuando van a cazar nuestras gacelas. ¿Cuándo dejará la guerra su carga
para que rescatemos en la colina el talle de nuestras mujeres
del nudo del símbolo en los robles?
¡Si nuestros enemigos tomaran nuestro lugar en los mitos para que supieran
cuánto amamos las aceras que ellos odian!

Si tomaran
nuestra parte de cobre y relámpagos, para tomar de ellos la seda de la tristeza.
¡Si nuestros enemigos leyeran nuestras cartas dos o tres veces para que se excusaran
ante la mariposa del juego del fuego
en el bosque de robles!
¡Cuánto hemos deseado la paz para nuestro
señor en los cielos, nuestro señor en los libros!


¡Cuánto hemos deseado la paz para la hilandera de lana, para el niño junto a la gruta,
para los que aman la vida, para los hijos de nuestros enemigos en sus refugios, para los mongoles
cuando parten hacia las noches de sus esposas y se alejan
de los capullos de nuestras flores, de nosotros
y de las hojas de los robles!
Las guerras nos enseñan a paladear el aire, a exaltar el agua. ¿Cuántas
noches más nos alegraremos con los garbanzos duros y las castañas en los bolsillos de nuestros abrigos?
¿Perderemos nuestra habilidad para impregnarnos de lluvia?
¿Pueden los muertos no morir para iniciar aquí su historia?
Tal vez logremos elogiar el vino y
brindar por la viuda del roble.


Aquí, todo corazón que no responde a la flauta cae
prisionero de la araña. Camina despacio para oír el sonido del eco
sobre los caballos del enemigo. A los mongoles les gusta nuestro vino
y quieren vestirse con la piel de nuestras esposas por las noches,
tomar prisioneros a los poetas de la tribu y
talar los robles.
Los mongoles nos quieren como desean que seamos,
un puñado de arena sobre China o Persia. Y quieren
que amemos todas sus canciones para que se establezca la paz que exigen.
Podremos aprender sus proverbios, perdonar sus actos cuando se hayan marchado
con esta tarde al viento de sus antepasados
detrás de la canción de los robles.


Ellos no han venido para vencer, y la leyenda no es la suya. Descienden
de sus caballos al término de la migración al oeste enfermo de Asia, ignorando que
nosotros podemos luchar contra Gazán Argún durante mil años
pero la leyenda no es la suya. Puede que dentro de poco abrace
la fe de sus asesinos para aprender de ellos la lengua de Quraysh
y el milagro de los robles.
El eco es uno en las noches. En la cima de la noche, contamos
las estrellas en el pecho de nuestro señor,
la edad de nuestros niños -han cumplido un año después de nosotros-
las ovejas de nuestra gente bajo la niebla, el número de los muertos mongoles y nuestros números.
El eco es uno en las noches. Un día regresaremos y hará falta un
poeta persa para cantar esta nostalgia
en el lenguaje de los robles.
Las guerras nos enseñan el amor por el detalle: la forma de las llaves de nuestras puertas,
a peinar nuestro trigo con las pestañas, a caminar, ligeros, sobre nuestra tierra
y a santificar las horas que preceden al ocaso sobre los acederaques.


Las guerras nos enseñan a ver la imagen de Dios en todas las cosas
y a cargar con el peso de los mitos para expulsar al monstruo
del cuento de los robles.
¡Cómo nos reiremos de los gorgojos en el pan de las guerras y de las larvas en el agua de las guerras!
Y si vencemos, colgaremos nuestras banderas negras en las cuerdas de la ropa,
después haremos con ellas calcetines. Y el himno se elevará
en los funerales de nuestros gloriosos héroes, las prisioneras
serán liberadas y la lluvia caerá
sobre la memoria de los robles.


Detrás de esta tarde vemos lo que queda de la noche. Dentro de poco,
la luna libre tomará el té del combatiente bajo los árboles.
Una sola luna para todos en las dos trincheras. ¿Tienen ellos
detrás de esas montañas casas de barro, té y flautas?
¿Tienen ellos, como nosotros, una albahaca que, de la muerte retorna a los que parten
en el bosque de robles?
Por fin hemos ascendido a la colina. Nos elevamos
sobre las ramas de las historias. Una hierba nueva crece en nuestra sangre y la suya.
Cargaremos nuestros fusiles con albahaca, y las medallas de los que regresan serán
los collares de nuestras palomas, pero nosotros
no hemos encontrado a nadie que acepte la paz. Nosotros no somos nosotros ni los otros son los otros.
Los fusiles se han roto y las palomas vuelan lejos.
No hemos encontrado a nadie aquí,
a nadie.
No hemos encontrado el bosque de robles.

lunes, 2 de julio de 2007

poesía africana.Oración (Ghana)

ORACIÓN DE CADA DÍA

Gracias te damos, Dios
eterno, omnipotente.
Te asemejas a la
constelación Corona,
que el cálido mar hiela.

Los rayos refulgentes
del sol iluminan el punto
más oscuro del bosque.

Tú eres el árbol grueso
caído en el camino
que sólo los sabios saben salvar,
el huevo en el que nadie
consigue atar un nudo,
pájaro del camino,
piloto de los muertos,
enredadera única
que originas el bosque,
anillo del dedo paterno,
agua profunda cuyo lecho
nadie ha podido ver,
vigilante capaz de rastrear
las huellas del antílope en la roca,
león del bosque de Eminsa.

Glorificado seas por los hombres.

(Fanti. Ghana)

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